Sin duda es paradójico pensar que, mientras la mayoría de los dueños de una red inalámbrica (WiFi) intentan cerrarla mediante contraseñas para encontrar mayor seguridad, otros prefieran dejarlas abiertas precisamente con el mismo fin… aunque no con las mismas intenciones.
Sucede que en un debate cada vez más candente, los tribunales alrededor del mundo están discutiendo si una red abierta puede servir como base para que un criminal - digamos un pedófilo o estafador - alegue inocencia argumentando que otra persona pudo aprovechar su conexión a Internet para cometer el delito.
El detalle no es menor. La mayoría de las investigaciones por felonías cibernéticas se sirven de las direcciones IP para dar con el paradero de sus autores, tal como se seguiría el rastro hasta una dirección postal. Sin embargo, ¿qué pasa cuando la casa resulta ser un hotel de paso?
La misma pregunta podría hacerse respecto de las redes inalámbricas abiertas que - al permitir la conexión de cualquier persona en su radio de cobertura - podrían avalar la tesis de un inculpado respecto a que otro usuario pudo aprovecharla para enviar o recibir el material incriminatorio.
Hábil, aunque no en Estados Unidos, donde una corte de distrito rechazó este argumento en la apelación de un hombre acusado de intercambiar pornografía infantil desde una red abierta. El sujeto, identificado como Javier Pérez de Austin, Texas, había propuesto en su defensa que “una mera asociación entre una dirección IP y una dirección física no es suficiente para establecerla como causa probable”.
Pero tal como cuenta Ars Technica, los jueces desestimaron las pretensiones de Pérez en base a que si bien existía la probabilidad de que otra persona accediera a la red, las investigaciones determinaron que los datos provinieron desde una máquina al interior de la vivienda.
Oh… y eso sin contar que el FBI encontró un conjunto de CDs con material pornográfico en su cuarto. Realmente no era un buen argumento.
Sin embargo esto no significa que las redes abiertas no hagan pagar a justos por pecadores. En otra historia cubierta por la misma publicación, un pequeño café de Greensboro en Carolina del Norte vio suspendido su servicio de Internet la semana pasada debido a que su ISP lo identificó como fuente de una abrumadora cantidad de espam.
The Green Bean - como se llama el café - ofrecía conexión WiFi a sus clientes durante toda la jornada por apenas un dólar, precio que seguramente llamó la atención de un espámer quien utilizó la red para enviar sus millones de tentadoras ofertas comerciales. Y dado que las cláusulas de muchos ISP (al menos en EE.UU.) prohíben esta práctica, la cuenta fue suspendida.
Dada la despreocupación que existe en nuestro país respecto a la seguridad en las redes WiFi, es muy probable que pronto veamos estos y otros casos surgir también en Chile. Será todo un espectáculo ver cómo nuestros jueces los resuelven.


